“Vi una ciudad muy al fondo. Era  oscura, verde y había muchas luces brillando bajo las nubes. Todo esto empezó después de unos tremendos patrones geométricos  que eran increíblemente rápidos. De repente una bola de  luz me pasó por delante, después de eso empecé a mirar a mi alrededor, estaba en un lugar preguntándome qué hacía allí. Después noté una mujer a mi derecha y me di cuenta de que ella estaba controlando la intensidad de la luz, se giró y me preguntó: ¿qué más quieres?”.

“Su intensidad y velocidad era tal que se producía una respuesta diferente al resto de alucinógenos. Sentí una conexión esencial con el ambiente rápidamente cambiante”.

“Estás en un lugar, de repente en otro. Es demasiada información para procesar en pocos minutos”.

“Tiende a levantarte gentilmente, te lleva al  hiperespacio mientras te muestra todo tipo de visiones místicas y muy gentilmente te regresa”.

“Se producen imágenes hiperreales, interactivas, de contenido onírico que no respetan las barreras del espacio y el tiempo”. 

“Estás más allá de la conciencia pero en realidad muy consciente, y no quieres que nada te ate a la realidad física. Viajé a través de sueños y escenarios. Era básicamente un sueño concentrado. Estaba despierto, pero no podía hacer que el sueño parara.”       

“Es tal y como imaginaba que se debe sentir cuando estás dentro del útero. Por alguna razón lloré. Recuerdo que pensaba que ahí había un mensaje para mí.”

Estas son algunas de las vivencias experimentadas bajo el efecto de la DMT administrada de diferentes formas.

La DMT es uno de los psicoactivos más utilizados en rituales chamánicos, usado desde hace siglos en Sudamérica por grupos indígenas de la Amazonia en forma de ayahuasca, brebaje que  contiene DMT y alcaloides inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), para evitar su degradación.  El trance inducido por este brebaje da lugar a estados modificados de conciencia junto al afloramiento de recuerdos y emociones. El fenómeno disociativo que se presenta, permite reorganizar las instancias psíquicas y es muy frecuente la vivencia de un proceso de muerte-renacimiento. La visualización simbólica del universo psíquico interno, con contenidos personales y transpersonales, permite el aprendizaje por acceso a sí mismo y, sobretodo, conectarse con el sentido profundo de la vida y la propia existencia. Así pues los curanderos amazónicos utilizan estos estados para la curación, adivinación o para reencontrarse con determinados elementos espirituales y culturales.

TFG Bea sanchez2Proceso de preparación del té de la ayahuasca elaborada en base a la cocción de la liana ayahuasca (Banisteriopsis caapi) y hojas de Chacruna (Psichotria viridis) 

 

 

 

 

Las sensaciones inducidas por la DMT le  han llevado a ganarse el nombre de “molécula espiritual”.

¿Y si les dijera que esta molécula es producida de forma endógena? ¿Increíble, verdad? Pues así es, nuestro organismo como el del resto de animales y plantas es capaz de producir este alucinógeno en diversos tejidos, siendo uno de ellos el cerebro, pero ¿con qué fin? La respuesta a esta pregunta sigue siendo un misterio. Se ha especulado sobre el papel de la DMT en estados alterados de conciencia como psicosis, sueños, creatividad, imaginación, fenómenos espirituales o religiosos y experiencias cercanas a la muerte. La DMT podría actuar como un neurotransmisor ejerciendo una función de señalización en regiones del sistema nervioso central implicadas en percepción sensorial. A través de esta molécula se podrían explicar experiencias místicas que han tenido lugar a lo largo de la historia: hambrunas, traumas, periodos de aislamiento,  circunstancias que podrían causar alucinaciones que solo serían entendidas mediante la producción de alucinógenos endógenos.

Se trata de un enigma que aúna ciencia y espiritualidad, la dualidad cuerpo y alma cobraría sentido en una sola molécula.

TFG Bea sanchez3 Ritual de ayahuasca en la selva amazónica, sur de Perú.

 

 

 

 

Pero dejando a un lado su componente místico, se ha propuesto que la DMT podría actuar como neuroprotector, así como estar implicada en  inmunomodulación, plasticidad sináptica y procesos cognitivos como la memoria y la atención. Nos encontramos, por tanto, frente a una interesante molécula que abre las puertas a nuevas líneas de investigación, pudiéndose convertir en una útil herramienta terapéutica en enfermedades como  la esquizofrenia, depresión, estrés postraumático, adicciones, Alzheimer, Parkinson y otras enfermedades autoinmunes. Sin embargo, sus llamativos efectos psicodélicos han hecho que su consumo recreativo haya aumentado, se trata pues de un arma de doble filo. 

Para saber más:

Extracto del TFG de Beatriz Sánchez tutorizado por Miriam Fernández y Pedro Tranque (IDINE)

 

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